Cantor Quartet #2 de Antoine Beuger interpretado por Als Eco.

 

¿Cómo afrontar la composición musical en un era donde la reproductibilidad del sonido, las herramientas tecnológicas y el lenguaje musical parece desgastado? ¿cómo afrontar la evidente verdad de que el compositor de estos tiempos debe conocer a fondo el material con que trabaja? ¿cómo enfrentarse a hacer música en un mundo que prefiere llamarnos “artistas sonoros” “músicos experimentales” en vez de nombrar con claridad nuestro ofició: componer?

Comienzo esta reseña con dichos interrogantes (los cuales no espero responder de manera conclusiva, pues creo que son parte de nuestro proceso como compositores/investigadores/docentes) pues la pieza de la que hablaré hoy sugiere una punta de lanza en la discusión, Cantor Quartet del compositor holandes Antoine Beuger, es un bello descubrimiento realizado para nuestro contexto por Als Eco grupo de música contemporánea con cierta afinidad con el minimalismo, dirigido por Antonio Correa. La pieza se formaliza para cuatro instrumentos o fuentes sonoras temperadas (esto quiere decir que puedan lograr alturas definidas) su score son la secuencia de alturas con una definición escrita con figura de redonda (es decir cuatro tiempo en un compás de cuatro cuartos) pero dicha duración no es determinada por la figura escrita, es determinada por los interpretes a su vez que la secuencia en que se tocan dichas notas. El formato con el que la banda minimalista bogotana interpretó la pieza incluye: dos sintetizadores, saxofón tenor, y vibráfono; una variedad tímbrica que permite jugar con las envolventes (formas de onda en el tiempo e intensidad) de sonido entre cada uno de los timbres, logrando así breves acordes por superposición de las mismas o crossfades, detalles singulares que hacen de la geografía sonora (montañas, valles, planicies) un bello disfrute paisajistico que permiten en esta pieza minimalista, en términos no solo de materiales (la partitura solo tiene lista de alturas, no hay sugerencias rítmicas, ni dinámicas, ni tímbricas, ni armónicas) un discurso, el cual debe es representado por el grupo de interpretes. En esta ocasión como en otras, Als Eco logra darle una profundidad a un evento experidencial que suele ser activo a la hora de presentarse en vivo: la música en vivo, y ubicarlo en una grabación “un día de junio de 2016” así no más, como un acto ritual consciente: comer, bailar, fumar, correr, sacar a los perros, montar en bici. Transportando el aura de la que tanto Benjamin hablaba se habría de perder con los medios de reproductibilidad, al oyente, el cual puede estar disperso, inmerso, de cuerpo presente, de mente ausente, cualquiera de las anteriores.

Esta pieza me generó los interrogantes iniciales, pues plantea la disyuntiva entre el compositor que controla todos lo eventos desde una partitura, hasta los procesos tecnológicos actuales vs el compositor que asume la responsabilidad de firmar la obra permitiendo a su vez que otros participen del proceso creador, es decir, la obra no está terminada si no hasta que es interpretada: recibida por otros, modificada en el tiempo, manipulada en el tiempo, escuchada y parte del devenir en el tiempo. Cantor Quartet plantea a su vez la problemática de pensar el sonido como eso: sonido, y el compositor como organizador de sonido, el cual debe conocer para direccionar su dialecto, su estilo entre tantas ideas como diría el Schöenberg; establecer un poética en términos del hacer como menciona Stravinsky y lograr un posible recepción del mensaje principal, provocando en el espectador un lectura sensible más no asible. Si pensamos este evento por un instante, podríamos decir que todos los humanos somos posibles compositores, pues reorganizamos el discurso sonoro en nuestra cotidianidad, pero la diferencia con el compositor de ofició es que este dedica su existencia única y exclusivamente a ahondar entre las relaciones de ese devenir sonoro, echando mano de todas las experiencias sensibles, técnicas, dispositivos y sistemas que encuentra, modifica y hace parte de si temporalmente, para luego dar al otro.

Stockhausen mencionaba después del estreno de Cosmic Pulses, la última pieza que estreno en su vida lo siguiente: “not music, just sound”, and that it might be best to “just take it as a natural phenomena and not think of composition” ( Collins, 2008: 90. Computer Music Journal, Vol. 32, No. 1, MIT Press). Trabajar con el sonido en términos poéticos y expresivos no significa ser artista sonoro, es expresar en ese medio tan difícil de moldear una serie de posibilidades narrativas, transductivas y sensibles; las cuales difieren de creador en creador y medio en medio, desde hacer música para 8 parlantes com 24 fuentes diferentes, hasta componer para orquesta sinfónica y medios audiovisuales; todas y cada una de estas formalizaciones requieren de una preparación y acondicionamiento no solo técnico, sino lingüístico: conocer el lenguaje en el que se está expresando y transmitiendo una idea.

En una era donde todo el mundo puede hacer sonar cosas, pocos pueden decir cosas con esto y cuando digo decir es eso: necesitamos expresarnos y ser escuchados, de lo contrario es igual a la experiencia del ruido, un evento innecesario e incontrolado en el tiempo y espacio.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo reseñas críticas, texto

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s