Más allá de la disonancia, parte 2

Por: José Gallardo Arbeláez

¿Qué sucede cuando aislamos un sonido de fuente causal? ¿este sonido por sí mismo es música, sonido, arte sonoro? ¿comunica o expresa? Partamos de un ejemplo puntual: el sonido de la lluvia, por si misma es una serie de ritmos, frecuencias, dinámicas, ubicadas en un timbre muy cercano a nuestra cotidianidad, pues ¿quien no ha escuchado la lluvia? Alguna vez conversando con un amigo mexicano (compositor y artista) me decía que dicho sonido evoca el sobrecogimiento, pues cuando escuchamos la lluvia buscamos refugio bajo techo.

Con lluvia comienza “El tríptico del atrato”1 del compositor Julián Serna Gallego, pieza que presentó hace aproximadamente un mes, en sustentación pública para obtener su título de músico compositor en la Universidad de Antioquia. Esta pieza se convierte en la primera presentada en un portafolio de grado en música, ha casi más de 70 años de la aparición de la música concreta; hago dicha salvedad porque la pieza se ubica estilísticamente dentro de este tipo de música, tanto que el autor la concibe como una pieza acusmática, término que los músicos concretos acuñaron a su discurso. La obra es resultado de una investigación creación donde participó el estudiante, la cual tenía como tema las músicas del Atrato, particularmente Serna utilizó grabaciones de arrullos y alabaos (música tradicional de la zona), grabaciones de campo, síntesis y procesamientos de dichos materiales iniciales.

Si pasamos la sorpresa inicial que indica el hecho histórico de la pieza en nuestro contexto local, podemos empezar a establecer un diálogo con ella, buscando en nuestra cóclea respuestas a los impulsos propuestos por el autor. Para algunos compositor la acusmática es uno de los formatos donde el compositor tiene control absoluto de la obra, o digamos un 90 % de control, siendo esto no solo una ventaja, sino una demostración de sus habilidades expresivas musicales; sobrepasar la dimensión técnica del sonido, el momento causal en donde se ubican estos sonidos, crear una sintaxis en el tiempo, provocar una reacción sonora en el otro es el reto real de este género. Serna, intenta realizar todo esto en su pieza, guardando cuidado en la selección del material grabado, procurando que los procesos de manipulación sean más naturalistas que sintéticos, jugando con la espacialidad de la obra, pero se queda corto al tratar de unir el mundo de la síntesis digital de audio con dichos procesos sonoros, logrando una cierta desconexión en la segunda sección de la obra; tal vez el cambio de código simbólico en la pieza no fue bien ejecutado y allí es donde el compositor puede continuar su búsqueda.

Cuando alejamos al escucha de sus fuentes causales, podemos crear mundos completamente imaginarios al mundo real, en una metáfora de alejamiento del mundo y presencia del mismo, una melancolía saturnina como dirían algunos estetas. Nuestra labor como hacedores y manipuladores de sonidos consiste en esto, no en simplemente dejar que la escucha haga su efecto en el otro, pues el otro siempre escuchara sin importar que nuestra exista; la escucha debe provocar sensiblemente al otro.

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